¿Conoces el queso Clarinés?
Veamos como nace
El siguiente escrito fue tomado de un tríptico distribuido en la plaza Bolívar de Clarines, el 13 de junio de 2026, en la sesión solemne con motivo del día de San Antonio. Su autor Alvaro Armas Bellorín Cronista Oficial de Clarines
El 13 de junio de 2.024 entra en vigencia el Decreto No. D-0004-2024, emanado del Despacho de la Alcaldesa del Municipio Manuel E.zequiel Bruzual, Lcda. Ingrid Cortez; presentado en Gaceta Municipal el 11 de junio de 2.024, donde se declara EL QUESO CLARINÉS como PATRIMONIO GASTRONÓMICO DEL MUNICIPIO MANUEL EZEQUIEL BRUZUAL.
Antes de 1960, en Clarines y sus alrededores, tenía mucha fama, la calidad y el sabor de tres productos que trascendieron extraordinariamente en la gastronomía del bajo Unare: el queso blanco duro, que llamaban «de cincho*, el queso de mano y una especie de carne de res, salada al sol, llamada cecina «que ciertos sibaritas presuntuosos catalogaban como el más rico caviar de hechura criolla.
Estos tres productos derivaban de la res que rumiaba en los alrededores de Clarines, como el principal factor económico de los primeros núcleos familiares que poblaron la región. Desde sus orígenes, Clarines ha tenido una estrecha relación con el ganado, por su extraordinaria capacidad para la fomentación de la vaquería, de la cual se aprovechaba en el pasado, no solamente la carne salada y los productos lácteos, sino también la pezuña y el cacho, el cuero y hasta el sebo se vendía. Pero para la década de 1960, todavía se sostenía, con una celebridad extraordinaria, el queso y la cecina, aunque -con la llegada de la energia eléctrica- nacieron nuevas propuestas gastronómicas basadas en la posibilidad cierta de conservar en refrigeración, por más tiempo otros tipos de alimentos que derivaban de aquella materia prima.
Bajo ese contexto, a mediados de la década de 1960 dos hermanos pertenecientes a una de las familias más tradicionales y más trabajadoras de Clarines. que descendían -por cierto- de un prócer de la independencia que hoy en día reposa en el Panteón Nacional, decidieron unirse en sociedad para darle carácter de producción industrial a una pequeña quesera que funcionaba con éxito en el traspatio de una vieja casona de la calle San Antonio con acceso a la Comercio y donde se producía con métodos tradicionales, el queso blanco duro, el queso de mano y un exquisito y económico requesón que hacían al hervir el suero dulce. Esos hermanos fueron Luis Rafael Bustillos y Francisco de Paula Bustillos, clarineses de pura cepa, hijos de Luis María Bustillos y Matía Margarita Armas Itriago.
Lo primero que hicieron estos ilustres personajes fue introducir en la quesera, implementos, equipos, que para el momento eran verdaderamente innovadores: calderas, tanques de acero inoxidable, tinas de cuajado y neveras, con miras a producir también, lo que en aquel tiempo terminaron lamando los clarineses como «queso cocido» Un queso nunca antes visto en la región.
Estos personajes, junto a un grupo de mujeres encabezadas por María Bermúdez -que fue en definitiva el alma de esa quesera- fueron poco a poco, desarrollando técnicas en la elaboración de un tipo de queso de pasta hilada, con sabor ^ distintivo leche, que no era ni guayanes ni de a mano. Era un queso más desuerado, con un punto de sal más controlado y con el toque de cocción correcta. Estaba naciendo así, el queso clarinés, una liga entre el queso guayanés y el queso de mano, que falta de un mejor nombre- la gente lo llamaba guayimano pero que bien pudiera reivindicarse, dándole el nombre que siempre debió tener: «El queso clarinés», patrimonio gastronómico de Clarines.
Esa quesera fue muy exitosa. La materia prima, para producir el queso, era proporcionada Por varias unidades de producción ubicadas en las cercanias del pueblo que madrugaban para arrimar su producto todavía tibio a la quesera. Sus productos eran ubicados en zonas cercanas a Clarines y hasta en Caracas tuvieron un depósito y establecimiento de ventas en el centro de la ciudad.
Al trascurrir el tiempo, Luis Rafael Bustillos, le vende sus acciones a su hermano Francisco Bustillos para incutsionar en otros negocios como: la porcicultura, la primera bomba de gasolina que tuvo Clarines y una producción a gran escala de chinchorros tejidos que también tuvo mucha resonancia en el Pueblo,
EL CANEY DE ACAPULCO
En 1997 Jorge Luis Bustillos Bermúdez conocido popularmente como El Negro Bustillos, fundó un famoso restaurant en la Troncal 9 (carretera de la costa) que fue una referencia en la zona. All ofrecían -además de los famosos quesos que producía su familia- exquisitos platos elaborados con los productos que generosamente proporciona La Laguna de Unare que tienen un único y característico sabor: el lebranche, la lisa, el chamaco y los camarones, sin mencionar la carne en vara, las cachapas y varias opciones de comidas tradicionales.
En ese tiempo, nace la iniciativa de los hermanos Carlos Enrique Bustillos Bermúdez y Jorge Luis Bustillos Bermúdez de sacar la quesera del tras patio de la vieja casa familiar ubicada en el pueblo y fusionarla con el restaurant El Caney de Acapulco, donde se inician -para finales de 1997- las primeras pruebas en la actual sede, dándole así continuidad a ese proyecto familiar de la mano del maestro quesero José Henríquez. quien fue uno de los primeros jóvenes que se iniciaron, junto a su padre en la década de 1970 y en consecuencia testigo presencial del nacimiento del queso Clarinés.
EL RANCHO DE ACAPULCO
Desde el 21 de enero del año 2015, Luis Mariano De Jesús Bustillos Franco toma las riendas de este gran proyecto familiar. Es hijo de Carlos Enrique Bustillos Bermúdez. y en consecuencia representa la tercera generación de una familia que sabe con certeza, que el producto que lograron sus abuelos en aquel traspatio, le da identidad y raigambre al pueblo, toda vez que tienen tradición y una historia probada e inobjetable. Este joven emprendedor restructuró el restaurant, le cambió el nombre por el de «Rancho de Acapulco» y se empeñó en fortalecer la quesera, donde actualmente se produce una mayor variedad de quesos, que conservan de manera intacta los principios y fundamentos en la elaboración de todos los productos especialmente del queso clarinés, manteniendo la tradición de un producto que orgullosamente salió de un pequeño galpón en Clarines y ahora pertenece a toda una zona desde Boca de Uchire a Barcelona en nuestro estado Anzoátegui.
